-hay cosas que no deberían decirse nunca-

Sucumbir ante el deseo
Brindar por los pecados que nunca cometí
Que me remuerdan en lo más profundo de mí ser las cosas que no hice
Arrepentirme hasta el último día de las que sí

Ambivalencia

Entre lo superfluo y lo imprescindible
Entre Jesús y mis demonios*
Entre lo que soy y lo que siempre he sido
Entre lo que hice por convicción y lo que me permitieron que hiciera

-hay cosas que no deberían decirse nunca-

Me he embriagado observando sus pasos de las alucinaciones más oscuras
-aun sabiendo que no son más que eso, han devastado mis certezas más de una vez-
Analizo sigilosamente cada una de sus enseñanzas
Y mientras más se de él menos lo conozco

Me toma, me empuja, me golpea y me sonríe
Me zamarrea, grita mi nombre, me despierto

Ambivalencia

Lo inmarcesible de las palabras que me dejó hace eco repetidas veces en mi memoria
Colándose y trayéndome como forma de tortura su voz en los oídos

Aun en los momentos más inoportunos su rostro se posa sobre un rostro conocido
Sus muecas hacen golpe de estado sobre las caras de otras personas
Sus ojos me miran desde el televisor

-Hay cosas que no deberían decirse nunca, pero si las dudas han de contárseme como blasfemia, entonces apiádate de mi alma-

(Repentinamente el odio de los humanos que me rodean se acrecienta:
¿Han escuchado uno de mis pensamientos? esto les produjo una santa indignación
Se quedan boquiabiertos, anonadados, se tapan la boca, mueven la cabeza
Apartan de mí sus ojos, exaltados por tal atrevimiento
Sonidos de asombro se multiplican a medida que se lo comparten entre sí
Apuntan sus hipócritas dedos en mi contra, mientras se visten para su mejor papel
Se sientan en sus asientos y esperan el dictamen intentando ocultar sin éxito su diabólico gozo:
-¡Hasta el último suspiro!-
Llenan sus manos con ira y me apedrean
Estoy herida y sangrando
El polvo se mete por mis lastimaduras
Intento correr pero no puedo ¿es acaso uno de esos sueños en donde uno ha perdido ciertas cualidades normales de este mundo, para
poseer otras propias de lo irreal?
Entonces vuelo
Siguen arrojándome piedras y parecen disfrutarlo
Algunos están maldiciéndome, otros rezan por mí y se persignan
Pobre
¿Pobre?
¿Pobre de mí, de ellos, de quién?
No lo sé. Hace tiempo que no se muchas cosas que nunca supe)

Ambivalencia

-¿Hay cosas que no deberían decirse nunca?-

Despojarme de mis cadenas
Ser lo que sea que soy
Cortar las ramas que me injertaron
Regar las que tengo por naturaleza
Y verlas crecer, oh, sublimemente desde mi interior, etéreas.

Sucumbir así ante la cuerda locura
Que se abran las puertas de la ciudad y todos corramos a donde siempre quisimos ir
Ya nadie es de nadie, no tengo nada y nada me tiene
Puedo ser mejor de lo que imagino, si, puedo ser mejor de lo que te imaginabas:
Libre.

─ Victoria Juncos

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