“Carta desde una prisión en Birmingham”. Martin Luther King Jr. Abril de 1963.

A 50 años de su muerte, la radicalidad de su pensamiento no nos deja ser interlocutores tibios, y sus ideas nos motivan a seguir interpelando filosóficamente nuestras prácticas cívicas. En un contexto socio-político siempre resistente a las transformaciones del statu quo donde la laicidad del Estado sigue en pugna y donde las ideas de MLK Jr. han sido re-apropiadas caprichosamente según la conveniencia, proponemos mirarnos desde sus mismas palabras, observar el desarrollo de sus ideas y abrir desde allí un diálogo crítico que nos atraviese en nuestra coyuntura. Estos fragmentos dan comienzo a la Serie Desobedientes.

6- Moderados

Debo confesarles honestamente dos cosas, mis hermanos cristianos y judíos. En primer lugar, tengo que confesarles que en los últimos años he quedado profundamente desilusionado de los blancos moderados. Casi he alcanzado la triste conclusión de que el principal obstáculo para los negros en su lucha por la libertad no son los supremacistas del White Citizens’ Council, ni los miembros del Ku Klux Klan, sino los blancos moderados, que están más preocupados por el “orden” que por la Justicia; que prefieren una paz negativa, plasmada en la ausencia de tensión, antes que una paz positiva que la presencia de la Justicia proporciona; que dicen continuamente: “Estoy de acuerdo con tu objetivo, pero no puedo aprobar tus métodos de acción directa”; que creen mediante una actitud paternalista que tienen derecho a fijar un plazo para la libertad del otro; que tienen un concepto mítico del tiempo y que constantemente aconsejan a los negros que esperen “un momento más oportuno”. Una comprensión superficial por parte de las personas de buena voluntad es más frustrante que una absoluta incomprensión por parte de las personas malintencionadas. Una aceptación tibia resulta mucho más desconcertante que un abierto rechazo. (…)

También esperé que el blanco moderado abandonara el mito del “momento oportuno” en lo concerniente a la lucha por la libertad. Acabo de recibir una carta de un hermano blanco de Texas. Escribe: “Todos los cristianos saben que eventualmente el pueblo negro gozará de iguales derechos que los blancos; pero es posible que tengan excesivas prisas religiosas. Al Cristianismo le ha costado casi dos mil años conseguir lo que ha conseguido. Se necesita tiempo para que las enseñanzas de Jesucristo se materialicen en la Tierra”.
Esta actitud procede de un trágico error acerca del tiempo, de la noción extrañamente irracional de que hay algo en el propio paso del tiempo que terminará por curar inevitablemente todos los males. De hecho, el tiempo en sí mismo es neutro; puede ser utilizado de forma constructiva o destructiva. Se me ocurre cada vez más que los hombres de mala voluntad se han valido del tiempo con una eficacia superior a la demostrada por los hombres de buena voluntad. Tendremos que arrepentirnos en esta generación, no tanto por las acciones y palabras hijas del odio de los gente mala, sino también por el pasmoso silencio de la gente buena.

7- Extremismos

Ustedes tildan nuestra actividad en Birmingham de extremista. Me molestó bastante, en un principio, que colegas religiosos como yo pudiesen considerar mis acciones no violentas como propias de un extremista. Me puse a pensar que me encuentro situado entre dos fuerzas contrapuestas que operan en el seno de la comunidad negra. (…)

He tratado de mantenerme entre estas dos fuerzas contrapuestas, afirmando que no necesitamos emular ni la inmovilismo de los complacientes, ni el odio y la desesperación de los nacionalistas negros. Porque existe otra actitud mejor: la del amor y la protesta no violenta. Agradezco a Dios que haya conseguido, debido a la influencia de la Iglesia negra, que la senda de la no violencia pase a constituir una parte fundamental de nuestra lucha. (…)

Así que el problema no está en saber si somos o no extremistas, sino en qué clase de extremistas queremos ser. ¿Seremos extremistas en el odio o en el amor? ¿Seremos extremistas al servicio de la conservación de la injusticia o de la difusión de la justicia?

8- Excepciones

Esperé que el blanco moderado se percatara de esta necesidad. Quizás fui demasiado optimista; quizás tuve expectativas altas. Supongo que debía haberme dado cuenta de que pocos son los miembros de la raza opresora capaces de comprender la profundidad de los gemidos y la pasión de los deseos de la raza oprimida, y son aún menos aquellos capaces de ver que la injusticia necesita ser extirpada mediante una acción poderosa, persistente y decidida. Sin embargo, estoy agradecido a algunos de nuestros hermanos blancos del Sur por haber captado el sentido de esta revolución social y haberse puesto a su servicio. (…)

A diferencia de sus hermanos y hermanas moderados, ellos reconocieron la urgencia de actuar y sintieron la necesidad de poderosos antídotos “activos” para combatir la enfermedad segregacionista.


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