El diálogo musical en tiempos de mutación

“El bullicio de nuestras vidas nos ensordece, impidiendo oír cuando somos llamados, o desde dónde. Enrique, un amigo de Muller y pastor él, dijo que nuestras vidas se habían tornado absurdas, porque en la palabra “absurdo” encontramos la palabra latina “absurdus” que significa sordera. En nuestra vida espiritual necesitamos escuchar a lo que Dios constantemente habla pero a quien raramente escuchamos en nuestra apurada defensa. Por otro lado, a Enrique le gustaba recordarme que la palabra “obediente” proviene del Latín “audire” que significa “escuchar”. Enrique creía que una vida espiritual era el peregrinaje del absurdo a la obediencia, de la sordera a la escucha”

─ Wayne Muller, “Shabat, Restaurando el ritmo sagrado del reposo”.

El hombre ha mutado y sobre eso hay pocas dudas. Este cambio civilizatorio en el que estamos inmersos sigue arrastrando a varios que aún no han desarrollado las branquias necesarias para respirar bajo el agua, como diría Alessandro Baricco. Nuestro lenguaje y nuestra forma de comunicarnos también ha cambiado, por ende nuestro arte, nuestra música y tal vez, ¿nuestra fe?

La creciente deshumanización acompañada de aturdimiento y confusión son solo algunas de las consecuencias no tan agradables de estos cambios. En ese contexto, es inminente una mirada que eche algo de luz de esperanza. El camino del Diálogo, ya sea desde el arte o desde los vínculos humanos en general, nos interpela a repensarnos, reconciliarnos.

En las siguientes publicaciones compartiré una serie de pensamientos respecto del Diálogo como necesidad y posibilidad de construir, no sólo vínculos sanos, sino también creaciones artísticas genuinas. Estos textos surgen de los pensamientos que acompañaron el desarrollo de mi Trabajo Final de Grado en Composición Musical que pueden leer aquí. La composición musical me interpeló desde el primer momento en que intenté escribir dos notas seguidas y empecé a encontrar en mi propia música rastros de fragmentación, dificultad narrativa y una arritmia que develaba una profunda dificultad discursiva. Ante esa circunstancia, empecé a explorar sobre el Diálogo como posibilidad de construcción de un pensamiento musical desde el enfrentamiento de opuestos. Así, desde ese lugar, comencé a replantear todas mis maneras de expresarme y comunicar, no solo desde la música, sino desde la integralidad de mi persona y mis vínculos. Consciente de que tal vez la propuesta es difícil de asir, los invito a compartir estas reflexiones y por supuesto a dialogar. Asimismo, que este espacio nos permita escucharnos, hospedar nuestras miradas, y seguir transformando nuestro entendimiento.

El que tenga oídos para oír, que oiga (y entienda).

Florencia Frete

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