La Reforma Protestante que deforma el progre tanto.

Han pasado 500 años de la segunda escisión del cristianismo imperial. Mucha gente festeja lo que no sabe mientras unos pocos se sienten embargados por un sentimiento de pudor a sus “héroes de la fe” a quienes no se sienten dignos de imitar. La Reforma Protestante ha sido, lo decimos sin rodeos, el motor espiritual del ordenamiento geopolítico vigente hasta hoy. El primer arma de destrucción masiva del planeta vino de la mano de una búsqueda de pureza de la fe: La Biblia. (¿no es curioso que del pueblo alemán hayan salido tantos buscadores de la pureza y la unidad?). Aquella torre de Babel que una vez se construyó para llegar hasta Dios, en 1500 se volvió letra y se erigió como fuente absoluta del conocimiento de Dios. En cierto idioma, para cierto pueblo que vive de cierta manera. Una manera burguesa, occidental y capitalista. ¿No es lo que buscan Mormones, Testigos de Jehová y hasta me atrevo a decir algunos grupos Adventistas? Certeza, identidad, territorio, garantías de ser sellados, de haber sido iluminados por profetas… en nada difiere de la búsqueda terrenal del Islam. Estos hijos pródigos de la Reforma no quieren aceptar el sacerdocio de Melquisedec, insistiendo en genealogías, leyes y mandamientos de hombres que en nada aportan al Reino (que ya estaba antes de sus profetas).

No evadiremos la más fría verdad: el planeta se destruye por el hambre desmedido de un capitalismo individualista, que hace del universo un jardín para sus goces y placeres. Este capitalismo es hijo del Dios Creador; pero poco y nada tiene del otro Hijo de Dios que vino a dar vida en abundancia. La verdad que flota como un iceberg en el océano es la misma que Nietszche y Kierkegaard dijeran tal vez un siglo atrás: “El cristianismo es una farsa”. Una y otra vez se hunden los barcos chocando de frente con esta verdad. Pero el “cambio climático” (autoinflingido) va derritiendo esa piedra de hielo que flota por sí misma. Es que los cristianos de occidente no entienden la señal de Jonás, y no aceptan bajarse del barco: condenan con ellos a toda la humanidad.

Tres veces tentó Satanás a Jesús en el desierto. Tres veces subió a Jerusalén. Tres veces volvió de orar y encontró durmiendo a sus discípulos. Tres veces le negó Pedro. ¿El comienzo del tercer milenio, nos encontrará del lado de las cabras o de las ovejas?.

Los invitados a la boda estaban ocupados casándose, trabajando y comprando propiedades, ampliando templos tal vez; su ausencia dio la oportunidad a todos los vagabundos, inmigrantes, desclasados del tercer mundo a entrar al gozo del Señor. Así como la generación que nació en el desierto es la que entró en la tierra prometida serán enterrados en el desierto los que, aún viendo maravillas, no dejaron de pensar como esclavos del sistema. No se trata de denominaciones, universidades teológicas u obispos ordenados: porque Dios levanta Hijos de las piedras. Y sus amigos son los que hacen lo que Él les manda. Dejarlo todo sin mirar atrás. No hay 500 años de nada. No hay celebraciones. La iglesia será siempre una manada pequeña, invisible, sin logo ni sede; sin diplomáticos ni embajadas: el modelo es solo una mujer embarazada, desplazada por un censo y rodeada de guerra, sin lugar donde dar a luz al hijo de Dios. Y así opera Dios aún hoy en la historia humana… Libia, Siria, Haití, Sudán del Sur… ahí nace el Reino.

Pero para eso está la ayuda humanitaria que los Estados confesionales envían para aliviar a los sufrientes. El modelo del siervo sufriente no es ya necesario para los poderosos que pueden enviar otros beneficios: Pagar al prójimo. Comprar artesanías. Enviar cajas con mercadería. A cambio de sus bondades una piedra de molino recibirán como medalla, con ella al cuello, podrán salir entonces a veranear por las playas. Con el dinero que poseen solo los fieles de primer mundo, se podrían construir hoy 500 Basílicas de San Pedro, haciendo así innecesario un Lutero. Como al joven rico, Jesús le dice a los europeos: Renuncia a tu ciudadanía: beneficios políticos, impositivos, salarios, propiedades… véndela y dásela a los pobres.

La obediencia a Jesús, es enemistad con el mundo. ¿Qué haremos ahora que la Reforma se conforma? Lo mismo que siempre y que no se celebra: martirio, cárcel, exilio; pobreza, silencio, vergüenza.

La humanidad, con sus mejores intenciones, sigue haciendo dioses a su medida. Y La reforma protestante no es la excepción. Solo Dios ve los corazones; pero nosotros juzgamos al árbol por sus frutos. Y desde el sur vemos la deuda, la opresión, la violencia; conocemos a Cristo desde el pecado, la ignorancia y la pobreza que nos muestran sus catedrales, universidades y museos.   

 Josias Acosta

*Traducción del francés: “Esto no es Cristianismo” Cuando René Magritte presentó en 1929 la primera versión de su obra “La traición de las imágenes”, desencadenó una polémica a nivel artístico y sobre todo académico que aún da para que los estudiantes de semiología tengan tema para sus tesis de grado. Su pintura mostraba una pipa bajo la cual podía leerse la frase “Esto no es una pipa”. La contradicción fascinó de inmediato; igual su explicación: no era una pipa, sino la imagen de una pipa.

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