De vez en cuando, nos ayuda dar un paso atrás y contemplar el vasto panorama.
El Reino no solamente está más allá de nuestros esfuerzos, sino que trasciende nuestra visión.
Cumplimos en nuestra vida solamente una ínfima fracción
de la magnífica empresa que es la obra de Dios.
Nada de lo que hacemos es completo, lo cual es otra forma de decir
que el Reino siempre nos trasciende.
Ninguna declaración expresa todo lo que puede ser dicho.
Ninguna oración expresa totalmente nuestra Fe.
Ninguna confesión deviene en perfección.
Ningún programa lleva a cabo la misión de Cristo.
Ninguna meta o serie de objetivos incluye la totalidad.
Eso es lo que proponemos.
Plantamos las semillas que algún día brotarán.
Regamos las semillas que ya han sido plantadas,
sabiendo que contienen una promesa futura.
Echamos los cimientos que necesitarán posterior desarrollo.
Proveemos la levadura que produce efectos más allá de nuestras aptitudes.
No podemos hacer todo,
y al darnos cuenta de ello nos sentimos liberados.
Eso nos permite hacer algo y hacerlo muy bien.
Será incompleto pero es un comienzo,
un paso a lo largo del camino,
y una oportunidad para que la gracia del Señor aparezca y haga el resto.
Quizá nunca veremos los resultados finales.
Pero ahí está la diferencia entre el maestro de obras y el albañil.
Somos albañiles, no maestros de obra, ministros, pero no Mesías.
Somos los profetas de un futuro que no es el nuestro.

“Oración de Oscar Romero”  (por Ken Untener)

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