EDITORIAL #1

Nuevos medios, viejas modas.

No hay nada de inusual o innovador en el esfuerzo editorial. Menos cuando las redes sociales han instalado que publicar todo lo que se nos antoje es una actividad propia de la cotidianeidad en una sociedad de consumo.
Las nuevas herramientas digitales de edición, publicación y difusión ponen al alcance del gran público los medios de comunicación de la telaraña extensa como el mundo (world wide web). Por tanto, lejos de cualquier pretensión vanguardista, simplemente buscamos ponernos al día con los nuevos medios digitales para continuar con la vieja moda editorial.

Pensar lo que creemos. Creer lo que pensamos.

Sin embargo, estamos convencidos de que hay algo que tenemos para aportar a esta telaraña de medios y modas: nosotros tenemos un modo. Nuestro modo es sostener un equilibrio entre creencias y reflexiones; buscamos entender aquello que vincula nuestras motivaciones con esas cosas que hacemos y decimos. Actuamos guiones que otros escribieron en escenarios que otros construyeron para el deleite de una sociedad que aplaude -o abuchea- nuestro desempeño teatral. Somos equilibristas haciendo malabares con ideas, sueños y dudas como si fuesen espadas, antorchas y pelotas de colores: Están presentes en nuestros corazones mientras intelectualmente evitamos que caigan al piso. Tal vez nuestro modo sea una fe que nos corta, nos quema y nos distrae; pero es innegable que es lo que nos hace reír, llorar, jugar… crear. Tal vez somos unos payasos improvisados. Tal vez somos artistas intelectuales. Lo único que sabemos con certeza es que, para nosotros, vivir es como caminar sobre una soga tensa que se bambolea sobre un precipicio: caer es mejor que nunca caminar.

Creemos que crear es crecer.

Escribimos, cantamos, pensamos, viajamos, leemos, cocinamos: todo es una composición que nos hace crecer. A medida que crecemos, creamos buscando un mundo mejor, un nuevo orden, que se parezca a lo que creemos y pensamos que es el “Reino de Dios”, del cual apenas tenemos algunos indicios. Justicia, reconciliación, redistribución; autenticidad, amistad, amor; cuidado ambiental, conocimiento, aprendizaje; música, poesía, teología…
Estos fenómenos exigen ser observados, analizados y dialogados. Estos fenómenos nos interesan porque al tiempo que el nihilismo y el hedonismo gritan: “¡Todo es nada! Que gane el mejor”, nosotros desconfiamos de esas certezas y sostenemos que “algo es algo, no todo está perdido”; la fe no es menos y de eso queremos hablar.

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