EDITORIAL #3

Hay una frontera que
alguna vez fue señalada

en un terreno de arena
para ser olvidada
pero alguien la vió
y ya hay una historia

y esa historia de fronteras
nos recuerda dos lugares
posiciones;
el lado de las piedras
o de la gracia.

Líneas imaginarias.

Las fronteras son elementos ficcionales. Invento de las sociedades humanas.
El planeta gira sobre un eje imaginario; los días y las horas se miden en base a divisiones imaginarias. Nadie dudaría ni un segundo sobre si existen los segundos; ¿Quién discutirá si es de día o de noche cuando el sol está flotando en el firmamento?
Sin embargo se discute (y mucho) sobre los derechos que posee alguien por haber nacido aquí o allá. Si su idioma es este o aquél. Si adora a tal o cual deidad.
Lo que preocupa es que hay algunas líneas imaginarias que no se discuten y son fronteras que condicionan de manera mucho más terrible la realidad, como la línea de pobreza. En las fronteras se coagulan todas las energías simbólicas que dan identidad a los pueblos.

La frontera es connotación.

No debemos asumir que sea intrínsecamente negativa. Tenemos fronteras porque tenemos singularidades que nos hacen ser uno y el Otro (el misterium tremendum del que habla Derrida). El problema es que hay quienes monopolizan fronteras. Aduanas, pasaportes y visas funcionan para restringir, condicionar y erradicar unos de otros.

Nuestra propuesta,

que tampoco es nueva, es asumir las fronteras-amebas, el intercambio celular. La identidad se construye compartiendo. La piel se abre y se cierra para dejar entrar al otro; para dejar salir ideas, emociones y recuerdos.

Romper corazas no corazones.
Barrer barreras. Limpiar heridas.
Cruzar fronteras es buscar la vida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comment moderation is enabled. Your comment may take some time to appear.

LECTURAS RELACIONADAS

Scroll Up