EDITORIAL #5

Quedará en los libros de historia el 2019 como el año más “setentista” del siglo XXI. Porque pareciera que venimos repitiendo uno a uno los “grandes sucesos” del siglo XX. Cada giro coreográfico nos encuentra más mareados. Pero la danza sigue incrementando el ritmo de los conflictos y achicando el espacio para moverse; y tropezamos irremediablemente. Este año vimos despeinado y sin maquillaje al sistema social que nos parió.

Tal vez entendemos algo del espanto de Cam cuando vió borracho y desnudo a su padre Noé. Lo cierto es que el escándalo no ayuda a pensar ni a creer: ¿Por qué un golpe de Estado se corona con tres personas arrodilladas frente a la Biblia y la bandera en el palacio de gobierno? ¿Por qué un ejército dispara a los ojos a un pueblo que pide justicia? ¿Por qué desatar el apocalipsis sobre tu prójimo que espera que cumplas la Palabra de Jesús “ama a tu prójimo”? El contexto social es la tinta con que se escribe la historia. Y la historia de la fe de Jesús no es la excepción: un idioma, una geografía, un imperio, una comunidad de excluidos… todo se repite. Pero esa historia inauguró una etapa de resurrección. La muerte no es el final para quienes confían en Él; la sangre es la tinta con que se escribe cada capítulo del libro de la vida. Se va completando la nómina de mártires casi siempre con la caligrafía de la generación que fue salvada por ellas y ellos.

La fe de Jesús es un sistema social incompatible con el imperialismo. Mientras que uno solo sabe robar, matar y destruir el otro se empecina en resucitar, repartir y hacer memoria…

Yo vi resucitar a Martin Luther King. Yo vi resucitar a Enrique Angelelli.

Y ahora entiendo porqué Saulo salió a matar a quienes vieron al resucitado. Y entiendo por el relato de la conversión camino a Damasco, que Jesús es perseguido cuando persiguen a sus seguidores. Entiendo porqué Bernabé eligió a Marcos sin importar que antes los había abandonado; sobre todo cuando leo la visión de Marcos (y Bernabé) en ese evangelio; y entiendo porqué Juan se “exilia” en Patmos. Entiendo cómo Felipe en Samaria trabaja sin rendir cuentas; cómo luego de bautizar a un etíope se va sin necesidad de decirle qué tiene que hacer ni cómo tiene que vivir…

América Latina se resiste al imperio porque la semilla del evangelio fue regada con la sangre de sus mártires. Cada vaso de agua dado al niño con sed siembra en el pueblo sed de justicia. ¡Y vive Dios que esa sed será saciada!

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